viernes, 10 de julio de 2009

Sabado 27 de Junio Alicante

Me dá la impresión que la de ese sábado no fue una corrida más en muchos aspectos. Me da la impresión que tirando de bisturí podríamos encontrar muchas cosas que a ras de piel costaría entender. Quiero creer que asistí en algún modo a un festejo atípico, fuera de la cualidad mercantil que este arte tanto necesita y que bien pudiera ser a riesgo de equivocarme un antojo de empresario que para esta altura de feria ya tendría las espaldas cubiertas ( y con la excepción en los carteles del de Galapagar). Menos de media entrada, pero eso sí, sin los festibaleros que plagaban las andanadas del sábado anterior (mis respetos, y cuantos más asistan, simpre mejor). Y es que esta es de las que había que ir a buscar. Éxitos recientes de los espadas daban más alcurnia al espectáculo y la conjunción de los tres maestros como dije no debió ser baladí. Que pasen muy pocas temporadas y ojalá no me equivoque pero estos tres cuajarán los futuros carteles de las grandes ferias. Dejadme que no haga crónica de las faenas que para eso ya están los expertos pero si quisiera dejar plasmadas mis impresiones de aquella tarde. Para empezar una grata sorpresa el ganado de Manolo González y Glez. Sánchez-Dalp. Los que más en tipo, el 5º y 6º, los más cuajados y en peso, pero eso sí, los peores del lote. En general bien de fuerzas, con recorrido y nobleza en la embestida, excepto el 5º de Luque con más peligro que cualquier otra atribución. (Derrotes imposibles).



Y los espadas, tres diferentes formas de entender el toreo, y así me apetece definirlos adjetivándolos como Pinar con una raza que arroya, Luque con la justa elegancia que demanda este arte en su mejor expresión y Tejela con más virtudes de las que el mismo parece conocer.El madrileño Matías Tejela sin suerte quedó algo deslucido llevándose una oreja en su segundo tras una meritoria serie de muleta que no terminó de cuajar hasta el final.


Danie Luque.Un momento,...., no sé si me apresuro al apostar que estamos ante el torero artista del futuro inmediato. Este torero tiene una clase desmedida desde que pone el píe en la plaza. Este es de lo que deben de entenderse, vertical, pausado, con gusto y con la forma justa para que el trasteo no parezca una briega de lucha más que una danza. Valiente, hasta el extremo en que la ambición le lleva. También se llevó una oreja de su segundo. Y a este toro el peor y con más peligro de la tarde le dejó saber quien era el que salía a por todas. Y en esto comentar el lance en que el maestro desarma muleta de estoque y liga una atípica (para las modas taurinas actuales) tanda de naturales con la derecha con naturales con la izquierda...preciosa, arriesgada y tanto que le valió un pequeño pinchazo en el interior del brazo derecho, pero con todo, lucida y de un gusto sobresaliente.



Y al final, Rubén Pinar, un torero puro corazón, inteligente y de los que trasmiten al tendido tanto que solo la colocación ante el toro impresiona. Este es de los que quieren y quien pueda que lo pare. Es como un huracán que arrasa a su paso, y así fue el triunfador, el que abrió la puerta grande con dos apéndices en su primero. Con todo, lo que más me gustó, (decisión del torero a parte), fue la forma de dar ritmo a la faena que tuvo Rubén Pinar, siempre en su sitio y con una cadencia perfecta que hacía más vistosa la faena en conjunto. Ahora, creo que el tiempo le deberá de ayudar puesto que lo va a tener en los carteles, y es que a mi juicio podría pulir algo más la estética en el trasteo, pero bueno, no será nada imposible con horas y horas de toreo de salón y menos para alguien que lo tiene tan tan claro.





Tomás Gª de Alcaráz Mtnez.

1 comentario:

  1. Desde luego me considero afortunada por haber podido pasar una fantástica tarde toros, haber podido observar un tremendo espectáculo de tres figuras que, aunque no reluzcan en lo alto del firmamento taurino, aquella tarde en la plaza estuvieron deslumbrantes.
    No es por desdemrecer a ninguno, pero a mi corto entender hubo uno que destacó por encima de todos por su valentía y buen hacer, que era Daniel Luque. Tanto es así que en un alarde de valor quedó dañado par el toro sin apenas inmutarse y terminando la faena con toda la gloria que pudo.
    Desde luego no puedo decir que no lo pasé bien, porque fue así con todas las letras.

    La Rosa de Cartagena

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